Lo que estamos viendo es un cocktail bastante feo de tres variables. Ahora el tema más candente es el del mercado cambiario. La estrategia oficial no es la más indicada, porque la está combatiendo con más represión que no hace otra cosa que exacerbar la ansiedad e invita al público a dolarizar las carteras.
Eso, indudablemente, genera más presión al mercado y se cierra el círculo vicioso con lo que el dólar "blue" llegó hasta $ 5,60. Esto se veía venir. El exceso de divisas es la novedad que se instaló en la Argentina desde el año pasado. En paralelo, se observa un enfriamiento bastante notorio del nivel de actividad. Y esto es comprobable con sólo observar la evolución de diversos indicadores que dan pauta mínima de estancamiento. Inclusive, hay algunos sectores que insinúan cierta retracción, en particular desde la rama industria.
Para cerrar el cocktail de variables indeseables, tenemos la inflación. Si analizamos el ciclo bajista en la breve recesión de 2008-2009 (cuando hubo enfriamiento del nivel de actividad debido a la crisis externa), las presiones inflacionarias se fueron disminuyendo. Así de una tasa interanual del 25% en 2008, la inflación fue cayendo en 2009 a entre un 12% y un 13% interanual. Claramente, entonces, el enfriamiento de la economía moderó las presiones inflacionarias.
Hoy no vemos nada parecido a aquello. Los primeros meses de este año han mostrado una notoria aceleración del ritmo inflacionario, que se torna especialmente preocupante cuando se analizan la evolución de precios de los productos que componen la canasta básica. La inflación pega más duro en los sectores sociales más bajos. Hay mediciones privadas de inflación que calculan que en el primer trimestre el aumento acumulado en la canasta básica fue del 15%.
Para la segunda mitad del año, el panorama no perece ser auspicioso. Da toda la sensación de que la presión sobre el mercado cambiario se sostendrá. Y esto es por la percepción de que el dólar se volvió un activo relativamente barato. Y así los argentinos procuran atesorarlo porque, en definitiva, consideran que hay mayores expectativas de devaluación.